DE UN BASURAL A UNA HUERTA COMUNITARIA
En un barrio de la ciudad de Concordia, Entre Rios , Argentina llamado Barrio Cipo vecinos se unieron con un profesional y con la Municipalidad para trabajar en un terreno que estaba lleno de basura. Lograron convertirlo en un espacio que genera actividades y provee de alimentos a la comunidad. Quieren seguir trabajando y servir de ejemplo para que la acción se multiplique.
Un terreno vacío que era utilizado como basural fue el escenario perfecto para materializar un proyecto que tenían en mente y, con ayuda del ingeniero agrónomo Gabriel Zubizarreta y de la Municipalidad lograron concretarlo.
La cara del lugar cambió. Allí, en ese baldío al que los camiones o carros tirados por caballos llegaban a descargar bolsas de consorcio, ahora hay una huerta que une a quienes quisieron llenar de verde la tierra. Lo que primero fue una semilla ahora está transformado en un brote, en una planta que llena el alma y el estómago de familias. “Es lindo ver el fruto del trabajo y saber que valió la pena al comerlo”, comenta una de las vecinas mientras sonríe.


Con el puntapié inicial hecho por quienes hoy tienen su espacio, el crecimiento de la propuesta parece encaminarse de manera correcta.
Crecimiento en comunidad
Las familias del barrio que decidieron apostar a erradicar la basura y generar un espacio que les permitiera crear y alimentarse sienten que la experiencia en conjunto significa un avance ejemplificador para un lugar que parecía olvidado.
Federico Niz, que vive en el barrio e integra la Corriente Clasista y Combativa (CCC), es uno de los que formó parte del trabajo de transformación. En diálogo con Mirador Entre Ríos destacó: “Es un orgullo para nosotros lo que logramos y nos sentimos felices porque todo se dio gracias al esfuerzo que ponemos día a día para seguir creciendo”.

El barrio está en la zona norte de la ciudad. Varias veces fue noticia por hechos de inseguridad, pero quienes viven allí desean cambiar esa realidad y empezar a ser noticia por las cosas buenas, tanto que además de compartir la producción que logran en la huerta, intentan ayudar desde temprano a los más chicos.
Además de la huerta tienen una escuelita de fútbol que se llama ‘Ni un pibe menos por la droga'. Allí juntaron a 25 pequeños los lunes, miércoles y viernes durante la siesta y también arman campeonatos en los que participan los chicos de todas las edades.
Las ganas de salir adelante y de generar espacios para compartir y crecer en conjunto hacen que los sueños de un barrio se transformen en modelo a seguir. El trabajo que hacen es silencioso, pero ya estan hablando con personas de otros lugares para que intenten salir adelante con las mismas herramientas. Cuando algo sale bien hay que compartirlo.

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